La Familia de ingenieros de Montes altoaragoneses Pedro Ayerbe
Allué, Benito Ayerbe Aísa y José María Ayerbe Vallés, que realizaron una
destacada y pionera aportación a la hidrología forestal española durante el
siglo XX. Esta aportación se produjo, en particular, en obras de corrección de
torrentes y de aludes en el Pirineo de Huesca: en la cuenca alta del río Gállego
(torrentes de Arratiecho, Arás, Arguisal, Escuer y Sía, así como la defensa
del balneario de Panticosa) y en las cercanías de Canfranc (torrente de Los
Meses, para la defensa de dicho pueblo, y las grandes obras de defensa de la
Estación Ferroviaria Internacional de Los Arañones). Todas estas obras, de
las que se presenta un abundante material gráfico, constituyen ejemplos
extraordinarios del éxito de la corrección hidrológico-forestal después de
décadas de funcionamiento.
La corrección del torrente de Los Meses (Canfranc) está
bien descrita por AZPEITIA (1922b, 1924), a quien seguimos en estos párrafos.
Antes de las obras de corrección, Los Meses era un imponente torrente pirenaico en plena actividad, con frecuentes y grandes avenidas de lavas que tenían su origen en su cuenca superior y, más concretamente, en dos
grandes erosiones abiertas en un horizonte de margas azules. Estas erosiones iban en aumento, con sus continuos desplomes y corrimientos de fondo y superficiales, y habían producido que la divisoria de aguas que separaba las cuencas con estas conchas de erosión hubiese desaparecido.

La villa de Canfranc, que estaba construida sobre el cono de deyección
del torrente, se encontraba frecuentemente amenazada. Para hacer
frente a tan angustiosa situación, los vecinos, por prestación personal obligatoria, debían participar en la construcción de un muro longitudinal que
desviaba las aguas hacia el sur del municipio. Precisamente ese trabajo
obligatorio, que debía desempeñarse un número de días al mes durante
todos los meses del año, dio origen al nombre de este torrente.
Realmente
el muro tenía un efecto transitorio, al ser enterrado una y otra vez por el
material sólido que traía el torrente en sus crecidas, por lo que tenía que ser
constantemente recrecido, haciendo que la prestación fuera más onerosa y
molesta. Por eso, y a la vista del ejemplo de la corrección realizada por Pedro Ayerbe en el torrente de Arratiecho en Biescas, los vecinos de Canfranc solicitaron la corrección del torrente en el 1907 y dieron todas las facilidades
para su realización.
La corrección, asumida por la 6.ª División Hidrológico-
-Forestal, fue proyectada y dirigida inicialmente por Benito Ayerbe, quien
desde el principio fue muy consciente de las enormes dificultades que esta
presentaba, aunque no dudó nunca del éxito final a pesar de los malos presagios que escuchaba.
El que los trabajos de corrección se iniciaran en la cabecera del torrente causó un gran malestar entre los vecinos, quienes esperaban que se recreciera lo más rápido posible el muro, que para ellos era el garante de su seguridad. Esta incomprensión y este recelo se transformaron en grata sorpresa
de alivio con la primera tormenta, cuando comprobaron que la carga de
sólidos del torrente había disminuido notablemente. A los pocos años, seguros ya de la eficacia de las obras, los canfraneros pasaron del pesimismo
acérrimo inicial al optimismo sin límites, lo que les llevó a solicitar nuevamente la entrada del ganado en los montes, con lo que mostraron que no
habían entendido el papel que la recuperación de la vegetación tenía en la
protección del suelo.
S
Según el proyecto de corrección, el torrente se dividió en tres tramos:
i) el inferior, que comprendía el lecho de deyección y la garganta hasta su
bifurcación; ii) el medio, formado por el resto de la garganta con sus grandes erosiones, y iii) el superior, integrado por la cuenca de recepción. En el
tramo inferior se construyeron tres diques de mampostería hidráulica, dos
de retenida y uno de consolidación, y uno de mampostería en seco. Asimismo, se construyó una canalización de 95 metros de longitud y 6,3
metros de anchura, que arrancaba del primer dique hidráulico y terminaba
en el inicio del muro que construían los vecinos. Además, se repobló con
frondosas y coníferas (Salix capreae, Pinus nigra y Pinus banksiana) todo
el lecho de deyección.


En el tramo medio, que era el de mayor dificultad, por primera vez se
ensayaron los encespedamientos artificiales, conocidos por los lugareños
como entascamientos, del término tasca, con el que se designa en Aragón
a determinados tipos de pastos de alta montaña. La práctica del encespedamiento consistía en arrancar tepes de césped, de 40 por 60 centímetros y 20
centímetros de gruesos, y colocarlos en las zonas más erosionadas, bien por fajas en toda la superficie, fijados en el suelo mediante estaquillas. Con esta técnica se corrigió lo que podría denominarse como las paredes
de la concha de erosión. En el cauce, por otro lado, se construyó un dique
de mampostería hidráulica como base para los trabajos de canalización
aguas arriba. En el ramal de la derecha se construyeron tres diques más y
una canalización de 11 metros de longitud y 3 de anchura; en el de la
izquierda, seis diques transversales y una canalización de 179
metros de longitud y 1,5 metros de anchura, con cincuenta y cuatro aletas
o muros de mampostería en seco. En el tramo superior se realizaron los trabajos de repoblación, en una superficie de 30 hectáreas.
En 1924 los trabajos de corrección estaban prácticamente terminados, a
excepción de corregir la concha derecha de erosión y los trabajos de repoblación, que se habían visto retrasados por la resistencia, en ocasiones violenta, del pueblo de Villanúa al acotamiento al pastoreo del monte Gabardito y Patro.
Se dio por finalizado en su totalidad la repoblacion del Barranco en el 1937 a manos de Jose Maria.
